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sábado

Kike Pérez, una leyenda viva (Entrevista)


Kike Pérez es un apasionado de las carreras. A los 18 años se inició en las competencias de circuito y tiempo después las dejó para hacer realidad su otra pasión: conducir un programa periodístico de automovilismo que ha cumplido veintisiete años en el aire. En esta entrevista concedida a Asia Sur, nos cuenta cómo fueron sus inicios en el mundo del automovilismo y el periodismo deportivo.

¿Cómo nace tu pasión por los autos?

Desde muy niño, cuando era compañero de Henry Brakey en el colegio Markhan y ambos éramos hinchas de su padre. Desde allí, mi pasión fue evolucionando hasta que llegó el día en que debuté en las carreras de autos en Piura y a partir de aquel entonces, empecé a correr todas las competencias de circuito. Luego, incursioné en la carrera de ruta donde me enamoré de Caminos del Inca. Posteriormente, participé como invitado en los campeonatos bolivarianos y me coroné corriendo el París de Car, en el desierto africano en el año 1986.

A los 18 años incursionaste en las competencias automovilísticas. ¿Fueron difíciles tus inicios?

Por supuesto. En un principio nadie me conocía y correr autos en Perú cuesta mucho dinero porque hay que conseguir sponsors y auspiciadores. De los veinte años que he corrido autos, ocho tuve que costearlos y los doce años restantes, felizmente fueron auspiciados.

¿Por qué dejaste de competir?

Por el programa. No podía hacer las dos cosas a la vez. Pues, siempre tuve la inquietud de crear un programa de automovilismo y decidí dejar de competir para dar vida a Auto 81.

¿Cómo te inicias en la televisión?

Llegué a la televisión porque Nicanor Gonzáles que era mi amigo y también corría autos, era uno de los directores de América Televisión junto a Mauricio Argulú, que fue mi compañero del colegio. Entonces yo les dije para hacer un programa de autos. Me dieron la oportunidad. Comencé el 15 de mayo de 1981 y ya cumplí veintisiete años de transmisión ininterrumpida durante todos los domingos.

Te has convertido en una leyenda del periodismo deportivo. ¿Consideras que tu vocación periodística es una pasión o una profesión?

Definitivamente es una pasión. Es hacer lo que más me gusta.

Tu programa tiene veintisiete años en el aire. ¿Por qué crees que ha tenido tanto éxito?

A veces, ni yo mismo me lo explico. Hasta ahora no me explico cómo he logrado superar todas las crisis automotrices que han habido en este país y seguir transmitiendo sin parar, cada domingo durante hora y media.

¿Recuerdas algún hecho que te haya marcado en una transmisión?

Sí. Narrar la muerte de Ayrton Senna en vivo fue algo que me chocó mucho. Era fanático de él.

Luego de veintisiete años en el aire. ¿Piensas dejar la pantalla chica?

Se la pienso dejar a mi hijo que se llama igual que yo, Kike Pérez. Él ya está haciendo el segmentote la Fórmula uno. Mi idea es que poco a poco se vaya incorporando al programa y calculo que cuando cumpla trenita años en el aire le daré la posta.

Cuando dejes la pantalla chica. ¿Has pensado qué vas a hacer?

Me iría a una playa en el Caribe o a Máncora. Pondría un hotel y me que quedaría a vivir frente al mar. Me gusta demasiado la playa.

No sólo eres un apasionado a los autos. También lo eres por el boxeo. ¿Cómo surge esa pasión por el box?

Más que una pasión, es una afición. Desde muy chico fui fanático del chinchano Mauro Mina y por ende seguía todas las peleas nacionales. Entonces, fue a manera de juego que entré al mundo del boxeo. Luego de estar un año en el aire trasmitiendo Auto 81, vi que en el archivo del canal, había una ruma de cintas de programas de box producidas en Panamá y que habían sido compradas por Nicanor y Mauricio, los cuales no tenían idea de cómo sacarlas al aire. Entonces, me llevé una de las cintas a mi casa para verla. Luego me junté con Mauricio y Nicanor y les propuse hacer un programa de box. Es así que nace El Rincón del box que ya lleva veintiséis años de transmisión ininterrumpida cada sábado.

¿Qué te ha dado el automovilismo y el boxeo en lo personal?

En lo personal, el automovilismo me ha permitido conocer muchísima gente y países. Tanto el automovilismo como el boxeo me han permitido superarme, pues siempre han salido programas que me hacían la competencia y eso generaba en mí que cada día me esfuerce más para seguir en el aire.

¿Cómo ves el futuro del automovilismo en el Perú?

Muy bien. Justamente este año 2008 se va a incorporar la categoría N3, donde van a participar todas las marcas de carros. Estos carros compiten prácticamente sacados de vitrina porque no pueden ser modificados a excepción de la suspensión.

¿Qué corredores te gustan y admiras?

En el Perú, definitivamente Ramón Ferreyros, es el mejor piloto de toda la historia que no solo ha llegado a competir en rallys mundiales, sino, que los ha ganado. No creo que eso se repita en el Perú durante una buena cantidad de años. En el caso del extranjero, Ayrton Senna sin lugar a dudas.

Desde tu punto de vista. ¿Qué hace que un corredor sea mejor que otro corredor?

Un piloto tiene que nacer con cierto talento. Luego, hay que cultivar la disciplina y, al mismo tiempo, aprender a ser muy organizado.

¿Cuáles son tus metas a corto y largo plazo?

A corto plazo es pasarle la posta a mi hijo e unos tres o cuatro años. A largo plazo, es participar en las carreras ya como un invitado.

Antonio Tello / Asia Sur febrero 2008

miércoles


Noviembre, 2007


El groso perfil de Tosso (Perfil)

Ricardo Tosso, más conocido como Riccky Tosso, nació con alma de artista. A la edad de 10 años descubrió su verdadera pasión por la actuación. Años después ese niño empezó a vivir en un mundo de dos dimensiones. Uno bajo el calor de las luces del escenario y la mirada del público. Otro bajo el refugio de un hombre serio y hogareño. Algunos creen que es un cómico de profesión. Pero nadie sabe que Ricky, antes que nada, es un actor innato. Está Lleno de virtudes y defectos, éxitos y fracasos. Un ser que vive para los demás, para los suyos.

Ricky Tosso es un soñador. Un polifacético que ha hecho de la pantalla chica, las tablas y el cine, su oficina de trabajo. Su nombre es sinónimo de talento, trayectoria y seriedad.

La vida de Ricky Tosso gira en torno a dos dimensiones. La primera caracterizada por la imagen del cómico bacán y mongo que todos conocen, pero al mismo tiempo quiere demostrar al mundo que su verdadera vocación y pasión es la actuación y no la comicidad. La segunda, por el hombre hogareño, sensible y poco sociable que se refugia en su figura seria y calmada fuera del escenario. Y es que Tosso es un ser inestable, aunque le cueste admitirlo. Sabe que la vida le ha hecho meditar y madurar a la fuerza.

En una entrevista sobre su incursión en el cine y publicada el 19 de octubre del 2007 en el diario La República Ricky dio a conocer que él ha nacido para actuar antes que para hacer reír: “Es la primera vez que hago cine. Mi personaje es el 'Oso Briones', un hombre triste, oscuro. Un policía suspendido que hace 'cachuelos' como investigador privado (…) Claro que me gustaría seguir haciendo cine, pero eso no depende de mí. Lo que sí creo es que a partir de ese personaje me dejarán de ver como un actor cómico, ante todo yo soy actor".

Para Esteffano de 16 años, su padre es una persona que sabe diferenciar perfectamente la barrera entre la imagen jovial de Ricky Tosso en el escenario, y la figura paternal de Ricardo Tosso cuando las cámaras dejan de grabar y los telones se cierran. “En la pantalla chica es muy cómico. Siempre está alegre y haciendo bromas. Fuera de ella es una persona seria, no es de hacer chistes y busca mantener un perfil bajo”.

Ricky, de un metro ochenta aproximadamente, cuerpo ancho y robusto, pelo negro azabache y de mirada penetrante parece más un rudo motociclista de la Harley Davidson que un actor y hombre hogareño: tiene pelo ondulado, peinado hacia atrás hasta la nuca y completamente engominado. De su cuello cuelga una gruesa cadena de plata y su gruesa muñeca derecha está cubierta con una muñequera marrón de cuero. Luce como un personaje de la película Natural Born Killers.

Tiene 47 años. Nació entre cajas y bambalinas. Fue un trotamundos que creció y estudió en diversos rincones del mundo. Entre Perú, Argentina, Ecuador, Méjico y Estados Unidos. Tal vez por eso no se ha contentado con un solo tipo de trabajo dentro del mundo del espectáculo y ha hecho casi todo, menos noticieros y deportes.

Ricky empezó a trabajar como actor a la edad de 10 años junto a su padre Ricardo Tosso, a quien lo considera como su mejor amigo de toda la vida. Desde niño empezó a interpretar pequeños papeles en diversas obras teatrales. Fue a partir de los 20 años cuando incursionó en el mundo humorístico por una necesidad económica. “Soy actor por vocación desde el año 70. Interpretaba pequeños papeles de manera esporádica. A los 10 años fue la primera vez que me pagaron por mi trabajo. De ahí, en el año 80, a la edad de 20 años empecé a trabajar en la televisión como humorista. Antes de hacer comicidad, ya tenía 10 años de carrera. Había hecho teatro clásico, tanto en inglés como en castellano. Sin embargo, me vi obligado a entrar a la televisión por necesidad, por hambre, porque no tenía trabajo.”

Ricky tuvo una vida llena de éxitos y caídas que lo llevaron a muchas depresiones. La pantalla chica le mostró lo que era la fama, pero al mismo tiempo, lo traicionó.

“Con los Detectilocos se me subieron los humos. Llegaba tarde al programa, me creía la cagada. Luego, cuando me peleé con Guille y me fui del programa, me quedé sin trabajo y sin dinero. La caída fue horrible. Me senté a pensar y dije: hasta aquí nomás, tengo que pisar tierra,” cuenta Tosso mientras toma el último sorbo de café expresso y voz en alto llama al mozo del restaurante La Bomboniere para que le traiga una segunda tasa con pura cafeína negra. La conversación continúa y un sonido agudo proveniente de un Nextel interrumpe la conversación. Carlos, su mejor amigo de la infancia y que también es actor, lo llamó desde Estados Unidos para hacerle recordar que pronto llegará a Lima para alojarse en la casa de Ricky por unos 15 a 20 días. La robusta y grotesca apariencia de Tosso se dispone a colgar el teléfono. Desliza su inmensa mano para coger una cajetilla de cigarros marca Kent que reposa sobre la pequeña mesa metálica ovalada y con toda la tranquilidad del mundo y en perfecto silencio, procede a encender el cigarrillo, como si fuera un ritual, y prosigue la conversación.

Tosso habla y recuerda mucho. Tal vez demasiado como para creer que es una persona poco sociable y de escasos amigos. Él se define como un huevón, un ser bonachón que no le interesa el dinero, que vive para su público y, sobre todo, para su hijo.

La metamorfosis

Cuando se apagan las luces del escenario, se crea una atmósfera donde Ricky experimenta una metamorfosis que da lugar a Ricardo Tosso. Su ex esposa y madre de su hijo reconoce que desde que lo conoció en el año 81, en el teatro El Huevo, Tosso ha tenido una doble vida que ella la denomina como una personalidad bipolar propia de un artista.

“Cuando Ricky baja del escenario se transforma en un tipo completamente reservado, tirando a aburrido. No se si la gente lo pueda imaginar como un hombre muy hogareño que le encanta cocinar. Es un niño de 47 años lleno de fantasías y sueños. En pocas palabras, es un artista, un actor. Y todo artista se caracteriza por ser inestable, porque si fuese estable no pertenecería al mundo de la actuación.”

Tosso reconoce que al ser artista implica ser también desordenado, improvisado, rebelde, vacilante, idealista y despilfarrador.

Él mismo, más que gordo, es grande, sólido. En la vida de Ricky todo es grande y exagerado. Desde sus historias excedidas en personajes hasta las 2 cajetillas de cigarros diarias que consume. Su falta de divismo lo hace más intimidante aún. Sus padres fueron actores insaciables que constantemente viajaban por el mundo como gitanos nómades para presentarse en diferentes obras teatrales. Ricky interiorizó ese estilo de vida caracterizado por no quedarse quieto en un solo sitio, por no contentarse con lo que tiene. Eso lo llevó a tener 6 parejas formales a lo largo de su vida. “Era una persona inestable. Me autoanalicé y me di cuenta que mis viejos han sido unos gitanos que se caracterizaban por viajar a muchos sitios. Llegó una época en la que me mudaba cada año, cambiaba de carro cada seis meses. Entonces todas las parejas que he tenido han sido producto de esa forma de vida que mis padres, inconscientemente, me transmitieron”.

Ricky no solo se transforma en otra persona cuando baja del escenario. Una serie de acontecimientos lo han marcado y generado que cambie de por vida “En el año 91, cuando nació mi hijo me convertí en una persona más responsable y madura porque era un irresponsable de mierda. La muerte de mi padre me hizo mucho daño, aún no me recupero y eso fue hace 17 años. En el año 98 estuve al filo de la muerte cuando me detectaron cáncer al riñón y en plena operación me dieron 2 paros respiratorios. Después de la operación mi vida cambió demasiado en el sentido que ahora me siento a pensar bien sobre las cosas que hago. Antes era un loco de mierda.”

Bettina Onetto, su amiga desde la infancia y compañera de trabajo lo conoce mejor que nadie. “la muerte de sus padres y el miedo que sintió cuando tuvo el cáncer le cambiaron la vida. Se volvió una persona calmada. Dejó las reacciones bruscas a un lado. Se convirtió en el hombre más dadivoso del mundo porque entregaba todo con tal de ayudar. Pero sigue siendo un despilfarrador. No se mide al momento de gastar. También se enamora muy fácilmente. Se puede enamorar en 5 días. Eso nada ni nadie se lo va a cambiar.”

La evolución.

El camerino, que en un primer momento fue construido para Gisela y posteriormente cedido a Ricky Tosso, está ubicado en el sótano del Estadio 4 de Barranco, al lado derecho colinda con una pequeña sala conformada por 4 muebles marrones de cuero, y a unos 30 metros de distancia, limita con el salón de maquillaje, donde los artistas se acicalan antes de subir al escenario. Al entrar, en la esquina derecha del camerino, se puede observar una gran repisa de madera empotrada en la pared que sostiene un televisor marca Samsung de 29 pulgadas. Las paredes, completamente desnudas, están pintadas con un color rojo desteñido. A 8 pasos de la entrada y en la parte derecha se halla una puerta de madera que da la bienvenida al baño de unos 6 metros de largo por 5 de ancho. En el medio del baño, y apuntado hacia un inmenso espejo cuadrado rodeado de innumerables focos, se encuentra una maciza silla metálica forrada en cuero negro que parece sacada de un consultorio ginecológico.

Luego de mostrar cada rincón de su tocador, que se asemeja más a la sala de espera de una clínica, Ricky procede a sentarse en la sólida y extraña silla metálica para continuar con la entrevista. Se acomoda la blanca y pulcra camisa que trae puesta, desliza sus dedos de manera ruda por su cabellera negra azabache y prende un cigarrillo marca Kent.

Tosso recuerda que uno de sus momentos más difíciles y al mismo tiempo más alegres de su vida artística lo vivió cuando se fue a Argentina a buscar trabajo, luego de renunciar a los Detectilocos. “Estando en Argentina, pedí prestado 10 australes a los dueños de un kiosco para poder comer. Parece que les transmití esa sensación de impotencia y desesperación porque me dieron carne, fideos y el dinero. Luego, cuando me dirigía a la embajada peruana para pedir un pasaje de retorno a Perú porque no tenía nada de plata, pasé por delante de un teatro muy famoso de Buenos Aires donde siempre quise actuar y escuché que me llamaron. Era Omar De Stefanni, un actor argentino que trabajó conmigo en Perú. Me dijo que me estaba buscando, que me necesitaba. Tomamos un café y me ofreció un trabajo. Al día siguiente tenia carro, departamento y un sueldo de 10 mil dólares.”

Tosso no solo es un actor innato. También es un minucioso director televisivo que se fija hasta en los más mínimos detalles de todas sus obras. Supervisa personalmente desde el guión hasta la escenografía de sus programas sabatinos Teatro desde el Teatro. No en vano, antes de dedicarse a la actuación, llegó hasta séptimo ciclo de arquitectura, lo cual la ha permitido decorar y ambientar cada uno de sus escenarios.

Pero no todos alaban la faceta de Tosso como director. Uno de ellos es el director teatral oriundo de Argentina, Oswaldo Cattone, quien llegó al Perú en el año 72 para trabajar como actor en la telenovela Nino y que años más tarde trabajó junto al padre de Ricky en la obra Otelo.

“No se puede dirigir mucho en televisión. La pantalla chica es un medio más rápido, donde las cosas deben resolverse con más prontitud. No existe el tiempo para el matiz. Todo se tiene que resolver en minutos. No hay demasiado tiempo para ser detallista. Sus obras en realidad están hechas de una manera más directa, como deben ser hechas en televisión. Son ese tipo de espectáculos que se hacen sin demasiado ensayo. Al mismo tiempo, el necesita rodearse de buenos actores que se aprendan el papel y que cada uno interprete lo mejor que pueda su personaje. Entonces no se puede hablar de dirección, de una precisa puesta de luces porque no hay tiempo.”

Quizás Tosso no ha nacido para ser director. Pero su último trabajo, más que la interpretación de un personaje sabatino, fue todo un reto en el que tuvo que afrontar por vez primera a la pantalla grande. Y Ricky no defraudó a la audiencia, demostró a todos tener alma de artista.

Un artículo de Fernando Vivas publicado el 19 de noviembre del 2007 en el diario El Comercio reafirma la pulcra actuación de Tosso en la película Muero por Muriel, dirigida por Augusto Cabada: ”Ricky, el ‘Oso’ Briones, es el único personaje cuyos sueños, frustraciones y cochinadas llegan con nitidez al espectador. Cabada se mete en el elástico pellejo de Tosso mucho más que en el impoluto Del Solar y le hace más caso a sus mohines que a la coquetería de Andrea. Y Ricky responde muy bien, conteniendo su histrionismo, porque sabe que precisamente un exabrupto de lucimiento actoral le arruinaría su oportunidad en la pantalla grande. Es un Jean Reno o un Julio Chávez, lacónicos actores, con uno de los cuerpos más expresivos del humor televisivo”.

Fuera de las tablas y la pantalla, Ricky realiza su catarsis a través del canto, la guitarra y la percusión. Fanático de las comedias de Jerry Lewis. Lector empedernido de libros sobre marketing y cocina. Amante de las motocicletas Harley Davidson. Seguidor de la música Trova, Jazz y Blues. Devorador y conocedor insaciable de la comida italiana al punto de inaugurar próximamente Apetitosso, un restaurante dedicado a explotar las virtudes de la gastronomía italiana. Esas son las otras pasiones de Ricky. Pasiones que lo mantienen vivo cuando no está frente a las cámaras.

Último acto.

Ricky Tosso no había elegido una profesión ni una pasión, sino un destino. Un ser talentoso que llevaba los genes de la actuación en la sangre y que se entregó por entero a esa pasión que sábado tras sábado cautiva a más de uno.

Son las 4 de la tarde y Ricky tiene que grabar Teatro desde el teatro dentro de media hora. Ha fumado más de 8 cigarrillos tras 4 horas y media de conversación. Tosso se pone de pie para dirigirse al salón de maquillaje. Media hora después se encienden las luces del escenario. Ricky se dispone a subir a las tablas para darle vida a un personaje más. La cuenta supera más de 2 mil personajes interpretados por él. Pues Ricky no ha hecho otra cosa que vivir y actuar para su público que obra tras obra les roba una carcajada y a veces, una lágrima.

Por Antonio Tello.

martes

El regreso del hijo pródigo (Entrevista perfil)

Noviembre, 2006

“Lo último que quiero es salir del país. Me siento reconciliado con el Perú y con la ciudad.”

Humberto Ortiz Pajuelo a sus 38 años de edad es una cara conocida de la televisión peruana y autor de dos libros (Maldita Ternura, en el 2004 y Grandes Sobras, en el 2006). El controvertido periodista regresa al Perú después de 3 años de exilio. Entre sus planes busca una segunda oportunidad para reivindicarse de sus errores y hacer mejor las cosas.


Tu empiezas estudiando Derecho y te cambias a Comunicaciones porque quieres escribir. Sin embargo, terminas trabajando en la televisión.
Me cambié a comunicaciones por la atracción de las cámaras. El derecho me aburrió profundamente. Solo duré un ciclo y hablé con mis padres para cambiarme de facultad, pero ellos no lo entendieron, no me autorizaron a cambiarme de carrera. Desobedecí la orden y me cambié pero no se los comuniqué y se enteraron que era periodista cuando empecé a publicar artículos en El Comercio. Escribir fue algo que vino después, estaba en tercer año de facultad cuando comencé a publicar y me di cuenta que era lo que me gustaba hacer, pero fue a través de la escritura de un guión en el año 89 que entré a trabajar en TV. No me sorprende que haya terminado haciendo TV porque hacer TV es como una persona que habla solo y yo he sido una persona que ha hablado consigo misma siempre.

La relación con tu padre nunca fue buena. ¿Cuál fue la actitud de tu padre cuando optaste por cambiarte de carrera?
Se enteró tarde, ya estaba en la facultad tres años y me encontraba ejerciendo el periodismo en El Comercio. Él, tanto como mi madre, me soñaron abogado. Mi padre particularmente no estuvo contento con el cambio. Le parecía que el periodismo era una actividad menor, un oficio de mando medio ligado a la bohemia, y por ende, a la borrachera y la vida disipada. Conforme comencé a publicar en medios prestigiosos, él era el primero que sacaba pecho por las cosas que escribía y publicaba.

¿Lo consideras como un amigo?
Sí, mi papá ya va a tener 80 años y ya es como si fuera mi hijo. Creo que los amigos tenemos momentos difíciles, y mi época de adolescente como casi todas las adolescencias ha sido de conflicto. Ahora llevamos una relación muy apacible.

Luego de haber tenido una amplia carrera periodística, en el año 2003 optas por irte a USA. ¿Cuáles fueron los motivos que te llevaron a tomar tal decisión?
Fue una medida de emergencia porque en mi vida ocurrieron varios tropiezos. Me quedé en la ruina económica por la aventura de establecer una discoteca en Iquitos. Además, en mi vida personal sucedieron acontecimientos pocos felices y el pequeño mundo que tenía construido se vino abajo. Pensé que la única alternativa de sobrevivencia era salir y comenzar de nuevo.

¿Pensaste en tu madre al momento de decidir irte? ¿Pensaste en llevártela?
No hubiera sido posible llevármela porque me estaba yendo a la aventura sin tener un plan, un presupuesto, ninguna idea preconcebida. Solo tomé el boleto y me fui. No, pensé que me iba a quedar tanto tiempo, me quedé casi 4 años. Hubiera sido excesivamente irresponsable al llevarme a mis padres porque no hubiera tenido como sostenerlos.

En una entrevista que diste al diario Correo el 22 de noviembre del 2006, declaraste que te considerabas indisciplinado en todos los aspectos de la vida. ¿Cómo lograste escribir tu novela “Maldita Ternura”, la cual publicaste en el 2004 estando en USA?
Maldita Ternura era la única actividad que tenía en ese momento de exilio. La mitad del 2003 y todo el 2004 que fue mi época inicial de exilio, estaba asumido en una depresión muy fuerte. Vivía en un departamentito alquilado en una zona inhóspita de Miami. No tenía trabajo, amigos, ni pareja, no tenía nada. Lo único que podía hacer era escribir.

“Escribo cuando no me queda más remedio. Al estar solo, me auto condené a escribir.”

En la novela hablas de la homosexualidad, la pederastia y la promiscuidad. ¿Se puede considerar como una declaración pública de tu inclinación sexual?
Para nada. He hablado de homosexualidad antes de la novela. Desde el comienzo pensé que el personaje seria un tipo desmesurado, amoral, sin reglas. Parte de esa desmesura era su vida sexual, pero en absoluto quería hacer de ella un manifiesto y creo que la advertencia irónica inicial deja zanjado el tema: “Para evitar las confusiones que podrían resultar de que el nombre del personaje sea el mismo del autor, hay que aclarar que la vida del autor no es la misma, que muchas veces es peor”.

Ese mismo año, te ves implicado en el caso de corrupción Almeyda-Villanueva y pasas de denunciante ha denunciado. Te enteraste que había una denuncia en tu contra…
Investigué el caso y lo publiqué. Sabía que las consecuencias iban a ser represalias del Estado. No diría que me vería implicado porque eso es una casualidad. Sabía perfectamente lo que iba a pasar. Se abrió un juicio en el cual se me puso al mismo nivel del denunciado. Tenía claro que una vez que terminara el gobierno de Toledo iba a poder volver.

Te viste obligado a pedir asilo político en USA ¿Por qué has decidido regresar a pesar del riesgo que podías correr?
Pedí asilo para poder trabajar. Tenía claro que iba a estar un periodo largo y necesitaba trabajar legalmente. El asilo me permitió obtener los papeles de trabajo y poder trabajar como reportero freelance en el noticiero de Telemando en New York. Pero una vez que terminó el gobierno de Toledo y los riegos se redujeron, preferí mil veces regresar a mi país que estar afuera.

¿La situación económica y de salud de tus padres influyó en que regreses?
Sin duda la nostalgia es un factor importante, pero no es la razón principal. Soy un periodista que trabaja con su realidad. Hacer periodismo en otro lado implica tener que hablar de temas que no conozco y si los conozco, no me interesan, no me competen.

En los 3 años y 3 meses de exiliado también has estado a punto de casarte en Miami con un inmigrante chino ¿Estabas realmente enamorado o la soledad te obligó a buscar refugio en el que te acepte emocionalmente?
(Risas) Esa relación que he contado en una columna de Perú.21, fue una relación efímera y no por ella menos intensa. Lo del matrimonio era una broma y pienso que el matrimonio entre gente de un mismo sexo siempre va a ser un sarcasmo porque es una caricatura del estilo de vida heterosexual. Me parecería una burla imitar una boda normal para pretender asimilarme a las reglas de la sociedad. Si tengo un estilo de vida diferente, es evidente que mi vida va a diferir de la del resto.

¿Te consideras una persona promiscua?
He sido muy promiscuo en una época de mi vida. No solamente en un sentido sexual, sino en la no selectividad de amigos y de contactos. Era una época de mi vida donde quería conocerlo todo. He hecho amigos y relaciones con todo el mundo y nunca me he cuidado las espaldas. En términos sexuales, la promiscuidad ya no me interesa, no me resulta atractiva. Hay otras cosas que me importan más, como por ejemplo llegar a un nivel de amistad con alguien que te permita que la convivencia sea un placer y no un tormento como en casi todos los casos. Conforme uno avanza en su vida, el sexo empieza a pasar a segundo plano. De otra manera, estas condenado a llevar una vida de adolescente toda tu existencia y eso es un grado de inmadurez que no es recomendable.

Al regresar al Perú, publicaste un libro de crónicas titulado Grandes Sobras, que fueron resultado de tu exilio en USA. ¿Fue tu pasión por escribir la que te mantuvo vivo durante el exilio?
Me mantuvo vivo las ganas de hacer bien las cosas que había hecho mal. Reivindicarme de errores con amigos a los que probablemente les haya fallado. La piconería también me mantuvo vivo en el sentido de cómo se habían desarrollado los acontecimientos. Pensaba que me podía sacar el clavo, no en términos de revancha, sino de aprovechar una segunda oportunidad de hacer las cosas mejor.

Al estar nuevamente en el Perú, ¿Aún tienes las ganas que tenías haces 3 años de salir del país?
(Risas) No, lo último que quiero es salir del país. Me siento reconciliado con el Perú y con la ciudad. Podría decirte que estoy en una especie de segunda luna de miel con Lima. La relación con la gente es distinta. Siento que ahora me tratan con una diferencia que antes era infrecuente y eso puede deberse al tiempo que tuve de ausencia, a las cosas que me han pasado, porque el público lector y televidente se identifica más con tus caídas que con tus éxitos.


¿Qué te hace feliz?
Me hace feliz la compañía de dos o tres personas que son lo que más he extrañado cuando he estado afuera. Me hace feliz mi soledad solo cuando la necesito, me hacen feliz mis perros a los que extraño porque todavía están en provincia, me hace feliz comenzar proyectos nuevos, a planificar programas, libros, secciones de periódicos, eso me mantiene vivo y sobre todo, me hace feliz reir.